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Dillom: “Nunca me gusta que me pongan límites”

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En tiempos donde los géneros musicales dejaron de ser percibidos como etiquetas a fin de reproducir estados emocionales en las nuevas generaciones, un joven vino a cambiar las reglas del juego, provocar un gran revuelo y, siempre irreverente, se convirtió en el foco de atención del panorama nacional. Le aburre el ajedrez, pero puso en jaque a toda la escena tras alcanzar la cima sin desconocer su espíritu outsider, ni olvidar los valores del do-it-yourself. Minuto y medio por función, solo eso tardó en arrasar las entradas de sus cuatro presentaciones en el Teatro Vorterix. Lo que en principio pareció una locura, tampoco dejó de serlo en vísperas de la primera noche. No obstante, su indudable récord dice otra cosa muy distinta: el elogio de la contracultura.

“Yo no hablo de mi vida, esa mierda es muy triste”, canta Dillom en el réquiem que da nombre a su álbum debut. Publicado por su propio sello Bohemian Groove, Post mortem es a la vez una declaración de principios y un relato esquizofrénico para el rapero argentino que le valió un lugar entre los mejores discos de 2021 para Indie Hoy. Bajo este pretexto, el enfant terrible de la Rip Gang arremete contra la diégesis tradicional del trap concentrando delirios pesadillescos y fragmentos biográficos en un espejo convexo que deforma la discernibilidad de su retrato.

Con canciones como “Opa”, “Piso 13” y “Post mortem”, Dillom evidencia su inclinación por la ficción empapado de sangre y sediento de destrucción. Mientras que en “La primera”, “Bicicleta” y “220” abandona el slasher para desdoblar su elocuencia con barras conmovedoras, existencialistas y melodiosas. Lejos está de ser un disco de trap, más bien se trata de una obra conceptual en donde el cantante veinteañero atraviesa meditabundo por diversos paisajes polarizados que mimetizan las cualidades sonoras de sus invitados L-Gante, Muerejoven y Saramalacara. Post mortem ofrece un repertorio ecléctico e inclasificable, dieciocho piezas que proyectan un desfile fantasmagórico, tan lúgubre como jubiloso, que marcha a paso firme durante el ocaso hacia una fiesta de cumpleaños inolvidable. Dillom se sentó a hablar con Indie Hoy sobre esto y mucho más.

¿Te costó creer que ibas a agotar tan rápido los cuatro Vorterix?
Nosotros sabíamos que le iba a ir bien, que se iba a llenar, que había gente muy manija por el disco, pero no teníamos una vara para medir porque yo no tocaba desde 2019. Tampoco pensamos que iba a tener semejante rebote como lo tuvo el Lolla. Podríamos haber ido a un lugar más grande, pero no nos queríamos saltar ningún paso tampoco. Preferible que nos quede chico un lugar a que nos quede grande otro. Cuando sacamos la fecha yo justo estaba filmando el video de “Rocketpowers”. Después de compartir, dejé el celular un minuto y me empezaron a decir que estaba agotado. Le dije a los chicos que le avisen a los de AllAccess que se cayó la página y estaba tirando error. Los de la ticketera nos confirmaron que se habían agotado posta, yo pensaba que un hijo de puta con un bot compró todas las entradas y me cagó el show. Y la segunda tanda pensamos que iba a tardar más porque ya mucha gente tenía sus entradas, pero tardó menos, increíble.

¿Cómo fue ese viaje que hicieron a Córdoba para producir el disco?
Primero hicimos un viaje a Chascomús, Fermín [Ugarte] vivió toda la vida ahí. Habían unas cabañas y llevamos un homestudio en un flete. Estuve ahí quince días con Fermín, Lamadrid y Evar [su equipo de productores]. La idea del disco ya estaba, pero ahí fue donde arrancó a desarrollarse el sonido y la temática. Nos fuimos con muchísimas maquetas que a lo largo del año las fuimos trabajando en la casa de Luis [Lamadrid]. Cuando llegó el momento que se acercaba la deadline, dijimos de hacer otro viaje para cerrarlo. Fuimos al estudio Sonorámica en Córdoba, y al ser plena pandemia no había nadie. Es en medio del monte, hacía mucho frío y no hay nada alrededor. Al equipo se sumó Andy [Noduermo] para filmar y recapitular todo eso de un lado más visual. Ese viaje fue muy caótico, estábamos todos en una muy distintas. Yo estaba como en un viaje de egresados, imaginate viajar para hacer un disco en un estudio enorme de la concha de la lora, era un sueño. Así que con Andy estuvimos rompiendo las bolas todo el viaje. Fermín y Luis estaban en otra, más concentrados y nosotros re gedes. Hacíamos jodas muy de viaje de egresados, al que se dormía le llenábamos de espuma la cara, jodas así, y por eso terminamos todos peleados. Pero también hubo momentos muy especiales, a la noche hacíamos fogones y hablábamos mirando las estrellas. Fue muy de película.

En diferentes oportunidades remarcaste que no te considerás un gran cinéfilo ni lector. Sin embargo, hay algo muy cinematográfico y literario en tu música ligado a la ficción, ¿qué es lo que te atrae de este recurso?
Lo que me llama la atención son los no límites que hay. En mi vida personal me rompen las bolas los límites en sí, pero eso ya es algo psicológico. Esto lo hablé con la psicóloga varias veces. Crecí sin mis viejos en una etapa clave de mi vida, sin nada, podía hacer lo que se me canten las bolas, y por eso fui muy independiente. Nunca me gusta cuando alguien o algo me quiere poner un límite, me pongo del orto. Y en la música pasa lo mismo. No me gusta creer que hay un “hasta acá” o un “si esto no existe no lo puedo decir”, es limitarse a lograr cosas que por ahí quedan buenísimas y que podés llegar a terribles resultados. Es una pelotudez no permitírselo uno mismo. Entiendo que hay gente que no le interesa, pero también la ficción termina siendo un género. Lo real me aburre un poco, para eso vivo mi vida y listo.

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Dillom en el festival Lollapalooza Argentina 2022 – Foto: Matías Casal

Hay algo que diferencia a un cineasta o escritor de un cantante y es ese peso moral como portavoz de lo que se está narrando. Imagino que debe ser agobiante estar expuesto a la censura, al ser entendido como un emulador de la propia existencia más que un decodificador delirante.
Depende de cómo veas a la música también. Si la ves como entretenimiento, es lo mismo que ver una película. No es que a la gente que hace películas se les dice que hagan solamente documentales, porque si no hicieron tal cosa no la pueden filmar. Por ahí hay una película en que Brad Pitt es pobre y no hay nadie quejándose porque es millonario. Es raro que en la música no pase eso, porque es otra forma de crear. Yo pienso a la música como una película pero sin la foto. Está buenísimo inventar historias, es distinto crearse todo un universo desde cero, o inspirarse en algo y crear algo nuevo sobre lo que ya existe. Es raro porque siento que la gente no se toma la música como entretenimiento, lo toman distinto a lo que puede ser el cine.

Un ejemplo perfecto de esto es lo que pasó con Leuco al escuchar “Opa” en la televisión. Si bien tu respuesta fue una versión ATP de la canción, ¿qué pasa cuando te encontrás con gente que se agarra más del sentido literal que del literario?
Sí, partiendo de esa base obvio. Eso pasó siempre a lo largo de la historia. También en algún momento habrá pasado con películas. Cuando salió La naranja mecánica habrán salidos 500 Leucos a decir “no, esto genera violencia”. Lo de “Opa ATP” fue un movimiento más Eminem.

¿Quién es Demian, hace cuánto lo conocés y en qué se diferencia de Dillom? Hoy en día, al escucharte cantar en la Bizarrap Session “jugando a la Ouija en la tumba de tu madre” se puede entender en palabras de este personaje que creaste para el disco.
Demian es medio otra clase de alter ego, por así decirlo. Es un poco más diferente a Dillom. La inspiración vino del libro de Hermann Hesse que leí durante la cuarentena. Yo no leo muchos libros ni veo demasiadas películas, pero de las pocas cosas que consumo saco muchísima inspiración, las exprimo al máximo. Por eso también siento que no necesito ver tantas cosas, porque me termina mareando más. Me acuerdo cuando leí Demian que me sentí bastante identificado. Siento que Dillom quizás ya está más arraigado a mí y a lo que soy como persona, que en realidad es un personaje, pero terrenalmente está más arraigado a mi vida. Todo esto de los asesinos seriales termina quedando medio raro si lo hago yo como un personaje, se puede decir “bueno, pará, es una banda”. Entonces siento que con Demian tengo la excusa de que es un nuevo personaje y conlleva todo este trasfondo también. Cuando leí ese libro me sentí identificado en varias cosas, y más que nada al principio cuando describe todo el universo. Dice que vive en una casa con la mamá, el papá y la hermana. Hace una analogía medio a libre interpretación acerca de vivir entre dos mundos. Está el mundo de todo lo bueno y todo lo malo, Demian va rebotando entre ambos, pero lo describe de una forma muy abstracta. Primero se mete de lleno en el mundo, y después vuelve al bueno. Pero en el mundo bueno está incómodo, y a él le empieza a caber el otro donde está todo lo malo. Por mi historia de vida, a mí eso me interpeló bastante. Además, mi viejo quería ponerme Demian a mí, y finalmente me termino poniendo Dylan. En teoría, Demian es el hijo del demonio, no me lo pusieron por eso, era muy satánico. Me acuerdo que mientras lo iba leyendo estaba muy flasheado, les decía a los pibes todo el tiempo que iba a sacar cosas de acá. Una vez me pasó que estaba filmando el video de “Halloween” con Mesita en medio de la ruta, mientras estaba en este flash del libro, y se me acerca un chabón para pedirme que le mande un video a sus hijos, eran cinco. Yo le pregunté cómo se llamaban, y ponele: Azul, Victoria, Matías, pero lo que me sorprendió fue que los otros dos eran Dylan y Demian. Dijo los dos nombres seguidos y fueron muchas coincidencias, claramente el universo me estaba dando una señal. Voy a seguir desarrollando esto.

No podemos no hablar de Ramones, en la tapa del disco tenés una remera de “Pet Sematary”, los nombrás en “Pelotuda” y hay un sample en el inicio de “Rocketpowers”, ¿cuán importante fueron en tu vida?
Tengo una debilidad por los Ramones. Se me hace muy nostálgico porque los escucho desde que nací. Mi viejo era muy fan, los fue a ver quinientas veces y laburó con ellos. Fue en uno de sus primeros shows en Argentina, él tenía diecisiete años y estaba haciendo la fila antes que nadie. Mientras estaba sentado en la vereda con la hermana, se les acercó uno del staff, les preguntó si hablaban inglés y si querían trabajar con los Ramones. Obvio que ni se dudó. Laburó de plomo y llevándolos a conocer distintos lugares y a comer pizza, boludeces así. Justo el otro día me mandó una foto con Marky Ramone. Por eso en mi casa siempre sonaron muchísimo los Ramones, me acuerdo de tener el CD de Loco Live y escucharlo todo el día. Me acuerdo de una vez que me cortaron internet, yo tenía diez u once años, y solo tenía descargado Rocket to Russia, así que me lo aprendí de memoria porque era el único disco que podía escuchar. Después durante mi vida tuve varios: el primero, End of the Century, Road to Ruin y el compilado que se llama Ramones Mania.

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Foto: Nasty Chinchilla

Mucha gente se sorprendió al escuchar el disco y encontrarse con un Dillom diferente al que percibíamos en los singles anteriores, ¿cuál fue la premisa de este collage de sonidos que ofrece Post mortem?
La premisa era hacer algo nuevo. Eso nos terminó llevando por afuera del trap, medio consciente y medio inconscientemente. Cuando empezamos el trap estaba en pleno auge, pero yo ya estaba hinchado las bolas de hacer los mismos temas de siempre, así trap hard tipo la Bizarrap Sessions. Quería ampliar un poco los horizontes, encarar algo más alterno, que abarque más público y no sea tan de nicho, que pueda abarcar varios nichos. Quizás también una música más madura para un público maduro. Terminó saliendo, hoy en día el público que menos tengo es de 13 a 18. Lo que más tengo es de 18 a 25 ponele, y de 25 a treinta y pico. Es muy loco eso. No fuimos con la idea de hacer tal o tal género. En un momento quería que haya una paleta muy grande de sonidos, pero mucha gente comenzó a hacer varios géneros y sentí que se empezó a alardear con esto. Y también, por otro lado, a admirar un poco el virtuosismo de cambiar. Odio la palabra versatilidad. O sea, la versatilidad porque sí, por decir “¡Uy! Mirá que loco que soy, soy re versátil, hago funk y hago esto”, a mí no me llama la atención, me parece una pelotudez. Por ahí si hacés un tema de salsa y te sale bien, buenísimo, pero creo que muchas veces se confunde virtuosismo con creatividad. Hay gente que toca instrumentos como la puta madre, se saben todos los acordes del universo, y sacan un disco que es una verga, pero no sé tiene un groove copado bien de conservatorio y ya se piensa que es un discazo solo por eso. Podés alardear que hiciste una bachata y un punk, pero qué tiene que ver una cosa con la otra si no se sostiene a nivel conceptual.

Otro género que está muy presente en el disco, a pesar de no ser musical, es el terror y más específicamente el slasher. Además tenés un tatuaje de La masacre de Texas. ¿Qué nos podés decir sobre tu afición a este tipo de películas?
Sí, también de Freddy Krueger. Quiero llenarme la pierna con personajes de películas de terror. Me encantan las películas de terror bien chotas, bien Clase B desde siempre. De hecho estudié publicidad en el secundario porque quería hacer cine. Estaba fascinado con las películas de zombies. De chico me miraba las de George Romero, La noche de los muertos. Me acuerdo que siempre iba a la Zombie Walk. Hoy en día poder hacer estos videos de terror me re copa, y también es algo que acá está muy virgen. Películas hay, pero videos musicales no existe ninguno. Me gusta mucho La casa de los mil cuerpos de Rob Zombie, de La masacre de texas me voló la cabeza la del 2003, y también las películas de Scary Movie porque me gusta mucho el humor.

A partir de esto que mencionás, en Post mortem hay un choque de contrastes muy latente a lo largo de sus dieciocho tracks, en donde se puede percibir la cohesión entre luz y oscuridad, como también la del humor y terror. Además de la versatilidad, hoy se habla mucho de la autenticidad, ¿cómo lográs ser auténtico en la ficción y utilizar la ironía para desdoblar cosas de tu vida personal?
Es un reflejo de lo que soy en la vida real. Volviendo a lo de antes, la gente dice “vos tenés que hacer algo real”, y entonces se limita a cosas que son de la realidad. Muchas veces la ficción termina reflejando sentimientos verdaderos de la realidad, eso que que no tiene ningún significado otro, ni un puto trasfondo, y dicen cosas porque sí, por no decir cosas que son mentiras. Muchas veces la ficción termina reflejando muchísimo más la realidad que cualquier otra cosa. En lo personal, siempre estoy jodiendo, me cuesta mucho hablar de cosas en serio. No me pongo a hablar cosas tristes seriamente porque me incomoda, así que busco la salida por el humor. Lo mismo hablando de tragedias mías, siempre intento encontrarle el lado humorístico. Será un mecanismo de defensa, pero soy así, e inconscientemente se ve reflejado también en la música. Quizás el día que tenga más inteligencia emocional cambie, pero también me gusta.

Post mortem va construyendo un relato, y hay una escena recurrente que mencionás de diferentes maneras: tu cumpleaños. Además, la idea de celebrar el nacimiento es justamente lo contrario al título del álbum. ¿Por qué elegiste ese evento?
Siento que en los cumpleaños es donde más se ve reflejado en qué momento de tu vida estás, o qué onda tu alrededor. A mí me pasó de tener dos cumpleaños seguidos, 2017 y 2018, que no vino casi nadie y pasarla mal. Estaba justo en un momento medio jodido. A mí siempre me gustaba festejar, pero esos dos fueron una mierda. En el de 2018 invité gente, vinieron solo tres personas, fuimos a un boliche, perdí el celu, me enojé y me fui a mi casa. En 2019, que fue el año de explosión, alquilé una casa enorme, vino una bocha de gente y ahí fue cuando noté la diferencia. Cuando te va bien hay un montón. A pesar de eso, la pasé re mal. Yo creo que había tomado una rola y al encontrarme entre más de cien personas me agarró una taquicardia terrible. Me acuerdo que fui a encerrarme arriba, la pasé como el orto. Pero fue muy loco ver reflejado de un año a otro cómo cambió tanto todo. Quizás en el día a día no lo notás, pero en un cumpleaños está reflejado delante de tus ojos.

En Post mortem parece que pudiste expresar todo de la forma que quisiste, sin pelos en la lengua, pero lo único que afirmás no poder decir es dónde guardás los hongos. Es algo muy divertido y no puedo dejar de asociarlo con el allanamiento que vemos al final de “La primera”. Hay algo de cinematográfico en el recuerdo al revivir una escena en tu cabeza, ya que hablamos tanto de películas, ¿considerás que esa fue una verdadera experiencia de miedo en tu vida?
Fue una escena de terror. Encima cuando pasó lo del allanamiento en la vida real estaba de pepa, el peor viaje de mi vida. Sinceramente, una mezcla de emociones, y al estar de gira fue como si estuviera en una película de Gaspar Noé. El video de “La primera” lo pensamos con Andy en media hora y en seis días lo teníamos que filmar. Una pre producción en tiempo récord. Fue muy importante mezclar lo del cumpleaños con lo del allanamiento, porque es muy loco cómo cerró todo conceptualmente. Sin dudas es el video que más refleja todo. Un resumen de veinte años en dos minutos.

Dillom se presenta el 27, 28, 29 de abril y 3 de mayo en Teatro Vorterix (Av. Federico Lacroze 3455, CABA), las entradas están agotadas. Escuchá Post mortem en plataformas de streaming (Spotify, Apple Music).

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